Balada de media noche (y un cuarto de corazón)
¿Uno para qué se jura amor eterno si no va a cumplir? ¿Para qué tanto repetir la palabra amor si va a transformarse de un tajo en dolor del puro, del puto?
Venías y llorabas, rogabas y sufrías, o bueno, eso hacías creer.
Mientras eso ya le preguntabas a otro y me ibas cerrando todas las puertas para no poder seguir tu rastro de cangreja, de tenazas afiladas pero silenciosas y morrongas.
Eres un animal pero no sé cuantas patas al fin tienes. No sueltas liena así tengas la otra lista y calientita. Cualquier banana te emociona como a un vil chimpancé.
Dicen que ahora te gusta el vino; emborráchate. Que el vino te deja con cara de ponqué, pero esa te la hemos generado todos. Que en las playas de esos mares que no tienen agua sino vino encalles como un mamífero semiacuático, pero con una herida mortal, un arpón que este hampón te tira por la espalda.
Aprende de fútbol para que el ridículo no sea tu compañero y Youtube pare de ser tu verdugo (por cien). Te hace falta calle, pisar baldosa y doblar esquinas.
Dicen que te cantan canciones, te dan chocolates y te regalan flores. Digo que ojalá escucharas mis canciones percudidas, que esos chocolates carcomieran tus viseras, que mis letras leyeras con rabia. Que cada rosa con sus espinas se claven y te desangren, no tus dedos torpes, no tus labios que han besado 28 hombres, no tus senos erróneos, no tu cola fantasma, si tu corazón mentiroso y llorón, bueno, si es que sangre tiene, si es que algo adentro de el hay.
Pensé que te había dejado de psicólogo pero no, te dejé en los brazos de otro.



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