lunes, junio 02, 2008

Guillermo Bustamante, un Príncipe a su Modo


Reportaje por: Diana Camacho, Karla Melo y Juan Sebastián Morales.

Un intelectual de la calle que no paga impuestos y cuenta con la ayuda económica de sus amigos y conocidos, prepara su nuevo libro que cuenta con sus últimas experiencias en El Cartucho, entrelazadas con opiniones de personas cercanas a él.



Su vida ha pasado entre libros y bazuco, pero está tranquilo. Nació hace 61 años en Puerto Berrío Antioquia, ha desempeñado muchos oficios: carnicero, comisario de policía, vendedor de chance, empleado público, entre otros; pero lo único que lo identifica permanentemente es el hecho de ser escritor. Sus poemas están compilados en el libro Crónicas de una dictadura sonriente, publicado en 1981, otros figuran en Cuentistas y poetas del sector oficial y Novísima Poesía Latinoamericana.

La primera experiencia que tuvo como escritor fue en su adolescencia con Gonzalo Arango, quien lo acogió y le dio “el bautizo nadaista”, movimiento que ya conocía y al que siempre se sintió cercano por ser una propuesta ética y un modo de vida acorde con su modo de pensar.

Luego vino su experiencia como sindicalista, la cual apareció, en sus palabras: “ante la ausencia de elementos capaces de crear condiciones para desarrollar las ideas sociales que como cualquier ser humano tiene”. Ésta le dio cierta popularidad, también por amplio conocimiento con respecto a la teoría de Lucha de clases y de los principios del sindicalismo.

Un tiempo después, su hermano adicto al bazuco y con varios problemas familiares, se suicidó. Bustamante sentía un gran cariño hacía él y quería saber qué le había pasado, entonces se fue acercando a El Cartucho en busca de respuestas. “Siempre había tenido la idea de que la droga no era enemiga de nadie, los enemigos son los otros y ésos son los que terminan por hundirlo a uno”. Entonces, llegó a este barrio para corroborar sus sospechas y allí se quedó por once años. Sus vivencias y testimonios acerca de su permanencia en el lugar se encuentran en El último cartucho, libro cuya primera publicación fue en 2002.

Recuerda que “cuando se acababa la droga en el sector de la 16 iba hacia el Bronx, abajo del Batallón (…) hoy día Batallón de Reclutamiento”. Para él, ese es un paso normal para los adictos del centro de Bogotá. Además, como saben que están haciendo una actividad ilegal, deben reunirse en sitios “que no son frecuentados por personas sanas (…), allí se encuentran aquellos que tienen cierta predestinación a caer en el campo de la marginalidad la cual está matizada por la droga”.

Su opinión frente a la drogas es clara y no está ligada a la destrucción del individuo: “cuando uno mira las cosas más allá del maniqueísmo, de definir a la sociedad entre demonios y ángeles, se da cuenta que la droga es apenas algo representativo del campo del hombre en donde no necesariamente se comparte el ideal del éxito, del trabajo o de estar en competencia con el otro”.

Él ha definido al bazuco como una droga menor que “dentro de 500 años se la van a dar a los bebés en el tetero” y lleva a una especie de gitanismo primitivo en donde hay una renuncia a los lujos para dejarse llevar por los efectos de ésta, que terminan siendo un 30% de reacción química y otro 70% resultante de presiones psicosociales, que llevan a experimentar sensaciones nuevas y agradables.

La homogeneidad espiritual que caracterizaba a los adictos a las drogas ha sido remplazada por modas. “La mayoría de la especie humana se comporta con criterio de rebaño, todo se repite, se difunde”. Más que escape a la realidad, se convirtió en un método de aceptación y de integración a ciertos grupos urbanos, lo cual se ve con más frecuencia en las capas altas de la sociedad. Es un proceso de “metástasis social” que culmina con expresiones marginales.

El otro escape a la realidad viene de su vida como escritor. Él piensa que la literatura es la única posibilidad, porque la palabra tiene un poder inmenso y termina siendo la base de las ciencias humanísticas y de la vida en general. “La palabra tiene tantos contenidos que una sola puede superar 1000 imágenes”. Lo que sucede es que la gente subestima hasta dónde llega y su capacidad de transformar conciencias y modificar actitudes.

Ahora, después de El último cartucho, está preparando Soy un príncipe a mi modo una recolección de investigaciones y experiencias con la droga en las calles. Hasta ahora no ha aparecido de manera frontal en sus textos, más bien son crónicas sobre terceros, pero éste pretende ser diferente, incluye: uso de las armas, actos de violencia, cómo es el sexo para una persona como él, relaciones de pareja, institucionalidad y criminalidad en la zona de el Bronx, en fin, una serie de situaciones y temas de los que tiene pleno conocimiento.



Como es una persona que ha hecho varias charlas en universidades, se le ocurrió la idea de incluir en su nueva publicación, las opiniones que los estudiantes tienen de él, se llamará “Se dice de mí”. Esto no quiere decir que tenga una relación cercana o directa con los jóvenes. No se muestra interesado por las formas de rebelión que persiguen, ni los modelos de comportamiento que tienen, sin embargo, afirma en tono irónico: “la juventud es bella, aunque no se bañe”.

El rol que Guillermo Bustamante asume como “ñero” es totalmente intencional, es conciente de su situación, la acepta y es feliz. Continúa con sus ideas anitiburguesas y pensando que es “más degradante comerse una hamburguesa de $5000 en Mc Donalds que metérselos en cinco bichas”.


BONUS: A continuación unos textos escritos por Bustamante, vía libre a que disfruten.


PROCLAMA

Compañeros

Alguna vez ellos también sentirán

Miedo

Y estarán viviendo la zozobra de los días

Que ya no serán suyos

La incomparable pena de tener que rendir

Cuentas a su antiguo siervo

El dolor de encontrar frente a su boca

Millones de puños

Sepultando sus palabras

Y el odio justo al fin de quienes atacaron sin

Tregua

Compañeros

A ellos también les llega el turno

Y hay que estar dispuestos

No guardemos esfuerzos

Porque esto sea pronto

Qué decir mañana

Puede inundar nuestros ojos

De peligrosos sueños

Pero tengamos fe

Que ellos también son de carne y hueso.


PENTAGRAMA

Me gusta el canto del obrero

Cuando acaricia el tiempo

Es un grito

Que arranca a llamaradas

Densas capas de silencio

Me gusta el canto del obrero

Cuando con su herramienta

Rompe el viento

Es el implacable trepidar

De sus conciencia armada de siglos

De dolorosos recuerdos

De sanguíneas gotas de sudor

Bajo el férula rígida del amo

Siempre hambriento

Me gusta ese canto cuando es digno,

Altanero si se quiere

Me gusta porque es un látigo

Un vendaval

Un disparo sobre las malas conciencias

El Apocalipsis de quienes se creen sus dueños

Me guata el canto del obrero

Y lo canto a todas horas

A la luz de la luna

Tierna e inocente

O en las mañanas del invierno


CANCIÓN DE REGRESO

Vuelves a mí de nuevo

Y no descubres

Que hasta mi propia piel me ha desterrado

Que carezco

De bosques y mañanas

Para escanciar mi luz

La luz sombría de mis ojos

Vuelves

Díscola y opaca

Pensando que es delirio este dolor

Estas cenizas

La paz mía es rebozada

Paz de llanto

Mas no temo este regreso

Ni tu errado

Corazón de hielo

Vuelve.

Entra segura con tu lanza. Rompe el aire

De esta grieta desnuda

La vena

Que horadaste

Sigue abierta


POST-DATA A UN VIEJO AMOR

Me voy

Después de todo

Fui incapaz

De ser dócil a tu insobornable

Tentación de cultivar mi mansedumbre

Me largo.

Llevo conmigo

El recuerdo atroz de aquellos días

Que borraron mil crepúsculos

Porque nos amamos

Con una fe perdida

De fiebre huracanada

Ciega como esta noche

Errabunda

Desde luego

Yo no fui humilde que digamos

En esto quiero

Ser honesto

U objetivo que a mi modo

Es como si apenas recurriera de nuevo

A la ternura

Además nada valdría

Mentir ahora que ha muerto

Este lustro de amor cuyo final

Creímos imposible

Todo lo teníamos fríamente preparado

No te culpo.

No arreglaría este vendaval

Empinándome en las sombras de

Recriminaciones tardías

Me marcho sin remedio.

Sin prorrogas

Resuelto.

Llevo conmigo los almanaques

De tantos sueños iracundos

La suela con que recorrí tortuosos días

Que hoy son sólo rastros

Oscurecidos de tanto ruido y tanta lluvia

Me voy y no me quito. Todo

Lo que nos unía

Recibió hace mucho humana sepultura

Para qué seguir entonces

Talvez

Nos echemos de menos algún día

3 Contra Golpes:

Hitlercito dijo...

fiel hasta la muerte

Angelita Perversita dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Angelita Perversita dijo...

Pensé que habías desaparecido... bueno, este señor, impresionante... sin embargo creo que lo del rol de "ñero autoasumido"...no sé... no es para nada fácil pero creo que del otro lado la vida tampoco lo es...